—¡Me secuestraron, Ayuda! ¡por favor¡ Llévenme de vuelta, quiero ir a casa—la voz de la mujer sonaba entrecortada, temblorosa, baja pero llena de desesperación.
La mujer vio a Adriana por la ventana y comenzó a gritar impaciente.
—¡Por favor, sálvame, tienes que ayudarme¡.
Adriana se acercó a la ventana y con ayuda de ella logró forzarla.
Al entrar la ayudó a ponerse de pie, mirando cautelosa hacia afuera mientras decía:
—¿Cómo lograste escapar?
—Estos últimos días me han estado dando medi