068: RETROCESO
El silencio que siguió a la propuesta de Billy Syes fue más pesado que cualquier contrato millonario que hubiéramos firmado en Singapur.
Las máquinas a su alrededor emitían un tono agudo y constante, un recordatorio de que su vida pendía de un hilo muy delgado, pero su mirada era humana, cargada de una expectativa que me revolvió el estómago.
Billy, el dueño de un imperio, el hombre que acababa de regalarme una mansión y un coche de lujo con una llamada telefónica, me miraba co