016: EL HOMBRE PERFECTO.
Helarya abrió la puerta de mi oficina y entró como toda una diva. Tenía unas gafas de sol, botas altas de color negro, un vestido blanco, y una bufanda de terciopelo que parecía estar hecha como plumas de algún animal.
Traía una sonrisa en su rostro y cualquiera que no la conociera diría que en ese momento estaba muy tranquila. Pero Lyon y yo sabíamos que por dentro estaba muriéndose de la rabia al ver todos esos globos, flores, y bombones de chocolates.
Su sonrisa era