Locura de amor
― ¡Es una locura lo que dice, señor! ―le dije con una voz temblorosa y dubitativa. Por supuesto que era una locura, pero era una locura el tener que estar luchando contra un amor que era más que evidente entre nosotros y que debía estar siendo consumado en vez de estar sumiéndonos en la desgracia de esa distancia que nos separaba por culpa de las circunstancias y del destino empeñados en no dejarnos acercar. Era como si el estar junto al señor Cavill fuese un terrible pecado, por