El destino impedido
El recuerdo de ese relato de peligro que había estado tan cerca de Ana y de David solo servía para que mi mente me recordase el peso que reposaba sobre mis hombros para con ellos. El solo pensar que, con una mínima señal, el abogado pudiese acabar con la vida de dos de mis seres más amados, no me dejaba existir. Yo estaba predestinada, al parecer, a no solo sufrir como una condenada, sino que ahora sabia también, que mi papel en esa historia comenzaba a ser el de la villana