En los brazos del amor
No era la primera vez que hacía un intento en la cocina. De hecho, eran varias las ocasiones en las que había intentado aventurarme en esa experiencia que en teoría debía corresponder a las «buenas costumbres» de una «buena mujer»; sin embargo, ya estaba más que resignada que mi fuerte era en otras áreas y que la cocina no estaba destinada a ser mi amiga de ninguna manera. Apenas llegué para hacer frente a ese reto enorme que había asumido como toda una campeona, me sentí