Lily no podía apartar la mirada de la enorme polla de Mark. Se erguía gruesa y orgullosa frente a su cara, con las venas marcadas a lo largo del tronco y el grueso glande ya brillante de precum. Era más grande de lo que jamás había imaginado en sus fantasías. Pesada, intimidante y perfecta.
Su mano pequeña lo masturbaba lentamente, sintiendo el calor y cómo palpitaba contra su palma. Se inclinó hacia adelante y depositó un beso suave y tímido en la punta, probando el sabor salado del precum. Ma