33.
Samantha coloca una rosa roja sobre mi tumba, resaltando sobre las blancas que han dejado mis padres. Acaricia el relieve de mi nombre sobre la lápida y sorbe por la nariz, sonriendo con tristeza.
—Lamento no haber en mucho tiempo… —musita, enderezándose en su lugar, sobre la grama—. Solo que el tenerte siempre alrededor me parece mejor que venir a hablarle a una lápida. No sé cuándo aceptaré que esta es la realidad…
Se limpia las mejillas y acaricia su vientre. Yo me siento junto a ella y colo