Mundo de ficçãoIniciar sessãoLos dedos de Jim se deslizaron como un soplo, dibujando las facciones de Silvia en las sombras, sus narices a pocos centímetros, sus piernas aún enredadas.
—Sabes que eres mía, ¿verdad? —susurró, su pulgar resbalando por los labios entreabiertos. Silvia encontró sus ojos por intuición y asintió—. Nada podría cambiarlo ya, aun si jamás volviéramos a vernos o hablarnos.
—Lo sé. Desearía poder evitarlo.
Los dedos de Jim recorrieron la línea de su mandíbula hacia su mentón







