–¡Saúl! –exclamó Ángela al ver a su hermano –. ¡Por Dios! Nos tenías preocupadas, ¿dónde estabas?
–¿Ángela? –dudé al verla cuando salí del ascensor.
Como si no fuera obvio que estaba frente a mí, es solo que no entendía qué estaba haciendo aquí.
–Roja, que gusto verte –me abrazo muy animada –. ¡Uff! Ya sé dónde estabas.
Movió su mano alejándose de Saúl por el olor a alcohol, él bajó la mirada sin responder.
–Ha bebido demasiado, no tengo idea de dónde ha dejado el auto –indiqué –. Lo traje en