Muchas horas después…
Doña Bárbara se armó de tolerancia y se bañó de paciencia para soportar al hombre que la siguió todo el día, incluso hizo ventas y recomendaciones a los clientes.
Tenía que admitirlo la galería se triplico de afluencia, gracias a la noticia de que el señor Koyama estaba en la galería. La información se corrió como una avalancha atrayendo personajes importantes.
¡Obvio! todos llegaron con las intensión de poder acceder al enigmático Señor Koyama. El rey que nunca baja de su