¡Glu, glu, glu, glup!...
Halia voltea a ver hacia abajo encontrándose con una gran masa de cabellos negros, una mano delgada casi cadavérica le sujeta el tobillo con fuerza, patalea con todas sus fuerzas, sin embargo, no logra zafarse.
En ese mismo momento la invade la impotencia, el horror, la falta de oxígeno le cobra la factura y a punto de sucumbir, sientes un fuerte brazo que la toma por la cintura ayudándola a subir a la superficie.
Halia es arrebatada de su agresor, pero la lucha de fuer