Intento darme la vuelta para salir de la cama y poder ducharme, pero Bronx me tira hacia abajo y me atrae hasta que mi espalda queda pegada a su pecho. Él entonces rodea mi cintura con sus brazos.
“Tengo que asearme, cariño. Volveré después de ducharme”, digo riendo y apretando los hombros mientras él me mordisquea el cuello debajo de la oreja.
“No”, gruñe juguetonamente desde algún lugar de mi cabello. Siento que respira hondo. “Me gusta cuando hueles a mí”.
“A mí también me gusta cuando