Punto de vista de Katherine.
La hacienda está inusualmente callada cuando llego a casa del trabajo. No noto el ajetreo habitual, pero lo atribuyo a que estoy llegando a casa más tarde de lo normal.
Abro la puerta de mi oficina a oscuras, me sirvo un vaso de güisqui y me dirijo al escritorio. Enciendo la lámpara del escritorio, me siento y le doy un profundo trago a mi bebida.
“Hola, Iokaste”. Me recuesto en la silla, dirigiéndome a la mujer que ocupa el asiento con respaldo alto al otro la