Capítulo 122
Punto de vista de Katherine.

La hacienda está inusualmente callada cuando llego a casa del trabajo. No noto el ajetreo habitual, pero lo atribuyo a que estoy llegando a casa más tarde de lo normal.

Abro la puerta de mi oficina a oscuras, me sirvo un vaso de güisqui y me dirijo al escritorio. Enciendo la lámpara del escritorio, me siento y le doy un profundo trago a mi bebida.

“Hola, Iokaste”. Me recuesto en la silla, dirigiéndome a la mujer que ocupa el asiento con respaldo alto al otro la
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