Lunes, siempre he odiado los lunes. Odette había recargado pilas en el fin de semana y venía más estricta y con el carácter más agrio que el viernes. Llevaba toda la mañana con la congelación del agua y, para mi sorpresa, había logrado que el pequeño charco que había formado transportando agua del arroyo se enfriara hasta el punto de congelarse pero, según la bruja, era demasiado lenta. Ni siquiera me dejó comer el almuerzo. Llevaba más de nueve horas haciendo el mismo puñetero ejercicio y la c