— ¿Estas segura de querer quedarte aquí esta noche?
Veo a mi alrededor y asiento.
—Mi hermano pondrá el grito en el cielo porque no llegue a dormir y mi madre ni siquiera notará mi ausencia —respondo tomando la taza de té que me ofrece. Estoy sentada en uno de los sofás de su bungalow, envuelta en la misma cobija del otro día—. Es muy tarde para que manejes de vuelta al south Yarra.
Toma asiento junto a mí con una taza de chocolate caliente para él; hago un puchero y ríe de mí.
—Deberías por lo