—Definitivamente, él me odia. Esta relación no está funcionando ni creo que lo haga pronto.
Ya perdí la cuenta en cuatro meses de las veces que he escuchado a Nahúm refunfuñar en contra de mi hijo gatuno. Gato ha creído bastante y se ha vuelto un tanto presumido y huraño; conmigo es todo amor, pero tal parece que con mi hermano las cosas no funcionan bien, ninguno de los dos se simpatizan entre sí.
—Es que tú eres muy gruñón, Nahúm —intento justificar mientras acaricio el pelaje blanco y esponj