Al día siguiente, Lylah se sumergió en el agua de la bañera. El calor la envolvió como una suave manta. Sus hombros desaparecieron bajo la superficie. Las burbujas le hicieron cosquillas en la piel y la tensión se evaporó al cerrar los párpados y dejar escapar un suspiro. La luz de las velas danzaba alrededor de sus párpados cerrados, proyectando destellos dorados. El mundo exterior se desvaneció; solo el agua y la calma. Las velas de la encimera parpadeaban. Su luz danzaba sobre sus párpados c