Con un suspiro de resignación, subí a otro taxi y me dirigí a la mansión Torres. Sabía que allí estaría la abuela Doris. La mansión era más suya que de Rose.
Pero como la abuela Doris apenas estaba, su naturaleza vivaz no le permitía quedarse estancada en un lugar; no permitía que su edad o sus responsabilidades le cortaran las alas, la mansión quedaba únicamente al cuidado de Rose ya que Mark no se quedaba en la mansión, dejando a Rose la oportunidad de pasearse por el lugar intimidando y dand