Cuando Mark se paró frente a mí, Sandra enmudeció de repente y los hombres retrocedieron respetuosamente unos pasos.
Entonces, sin decir nada, hizo una señal al barman para que se acercara. El chico flaco que parecía estar cubriendo su turno, con los ojos muy abiertos, no dudó en correr hacia Mark.
"Buenos días, señor", inclinó la cabeza a modo de saludo, con la mano firme a su lado. Parecía hacer todo lo posible por no mirarme. No lo culpaba, acababa de verme romper una botella en la cabeza d