"No será muy tarde, mi coche está en camino", mentí, las palabras me sabían amargas en la lengua.
"Llevas afuera más de cinco minutos", señaló. "¿Cuánto va a tardar el coche?". Preguntó, alzando las cejas cuando dijo 'coche'.
"Un minuto. ¿Dos?". Me encogí de hombros, tratando de mostrarme tranquila. "Llegará pronto".
"¡Maldita sea! Ana, ¡entra en el maldito coche! No sé qué urgencia tienes, pero para salir corriendo así, es evidente que es muy importante". Levantó ligeramente la voz.
Apreté