Ella marcó al mayordomo para enterarse de qué andaba haciendo Carolina.
—Carol está arriba, leyendo —le contó el mayordomo—. ¿Le digo que baje a charlar un rato con usted?
—No es necesario —contestó Rebeca.
Al saber que Carolina no tenía ningún problema, se quedó más tranquila.
Cambió un par de palabras con el mayordomo y colgó casi enseguida.
Con lo que había pasado la noche anterior, los Mena y los Rojas se habían vuelto tema obligado en internet, y muy pronto también se supo en la red que el