Por la mañana, Carolina abrió los ojos y, en cuanto su mente terminó de despertar del todo, le vinieron a la cabeza los sucesos de la noche anterior. Tomó el celular que tenía a un costado y le echó un vistazo. Al cabo de un momento, lo soltó, apretó los labios y se volvió a meter bajo las cobijas.
Juliana empujó la puerta para entrar y, al notar que ya estaba despierta, le dijo:
—¿Te bañas primero y luego bajamos a desayunar?
Carolina tenía la vista clavada en el techo y no soltó ni una palabra