Aunque Cristian lo vio coqueteando con Rebeca, Romeo no mostró ni una pizca de vergüenza, sino que saludó con naturalidad:
—Señor Figueras.
Y se dio la vuelta para volver al trabajo.
Cristian cerró la puerta del despacho de Rebeca, se sentó en el sofá que había al lado y dijo:
—Al enterarse de que, cuando estás ocupada, te gusta tomarte un café para mantenerte despierta, dedicó bastante tiempo a aprender de forma sistemática algunos conocimientos relacionados con el café; he oído que acaba de te