Rebeca no esperaba que él le tomara la mano y se quedó algo desconcertada.
Sin embargo, no le dio más vueltas. Le quitó la mano con delicadeza y le dijo con tono frío: —Puedo sola.
Dicho esto, se dio la vuelta sin mirar atrás y se dirigió con paso firme hacia el sofá.
Logan, ante tanta frialdad, no mostró ningún signo de enojo. Sonrió y, después de que ella se sentara, tomó asiento a su lado.
El sofá que rodeaba la mesa de centro era bastante grande y ofrecía mucho espacio para sentarse. Al ver