Apolo
Lo primero que pude escuchar después de una ráfaga de disparos fue la orden de uno de mis hombres que me empujaba al grito de:
—¡Al suelo! —Coloqué la mano en su pecho para impulsarlo hacia atrás, porque no pretendía que nadie diese la vida por mí, pero él se aferró de mi cuello para protegerme aunque intenté con todas mis fuerzas zafarme. —¡Papá dijo que proteja al Don! —Grito cuando una bala impactó en su cuerpo y caímos, ambos fuera de la línea de tiro, bajo las escaleras que llevaban