El resto de la tarde y la noche fueron dolorosas para mí. Cada vez que cerraba los ojos la imaginaba a ella deambular semidesnuda por el departamento de soltero de mi esposo. Él tocaba a intervalos en la puerta, suplicando que le diera una oportunidad para explicarse y reconocía que debía hacerlo, pero estaba cansada de repetir una y otra vez las mismas palabras.
Mis responsabilidades como madre me reclamaron. Los había dejado con la niñera, pero la intranquilidad de no saber cómo estaban me