Llevaba varios días con los malestares que no cesaban de golpearme, había adelgazado, porque no consiguía probar alimentos. Dunia había sido un gran apoyo en esta etapa, acompañándome en las interminables horas de desfallecimiento. Programó una cita con un ginecólogo conocido, pues su preocupación por mi inapetencia aumentaba en la medida en que pasaban los días de abstinencia. El chequeo arrojó baja hemoglobina, lógico totalmente, si tenemos en cuenta las largas horas de ayuno, pero los demás