Parada en la habitación, con aquella foto entre mis manos, comencé a sentir náusea, era una red completa de engaños y mentiras, primero orquestados por Ransés y, después de su muerte, planificados por Jessica e Isabel. ¿Qué le habría hecho a aquellas mujeres para merecer tanto rencor? Era como si pagara por existir, por no haberme dejado aplastar, por tratar de recuperarme, por respirar. Me habían estudiado minuciosamente, descubriendo los mínimos detalles que me causaban daño y, sin cansarse,