AVRIL STEEL
Chapman no solo me había confesado su amor, sino también me había invitado a una cena romántica. Mientras me arreglaba frente al espejo, entró corriendo el pequeño Scott, quien se detuvo en seco al verme. —¡Wao! ¡Qué bonita! —exclamó—. Pareces una princesa.
—¿Te agrada? —pregunté levantándome del taburete y dando una vuelta, dejando que la delicada falda del vestido diera vuelo.
—¡Sí! —respondió sentándose en el borde de la cama—. ¿Saldrás con el doctor? —Entonces su sonrisa se di