AVRIL STEEL
—¿Señora? Aquí está lo que me pidió… —dijo Alissa dejando caer un enorme bulto de papeles sobre el escritorio. Era bueno saber que seguía siendo tan buena investigadora como siempre.
—Luisa Chapman… —pronuncié el nombre escrito en el expediente después de que Alissa se fuera. Sentí por un momento que su espíritu vendría, tan rencoroso y voluble como su hija, para torturarme por besar a su esposo.
La señora Chapman tenía un historial muy largo asociado a depresión, al parecer Ch