Desperté aun con el recuerdo de aquel día, siempre supe que no debí dejar que algunas personas se enamoraran de mí, debí haber puesto los limites, siempre creí que demostraba las cosas como las quería, pero aprendí a hablar, aunque fuera duro y pareciera arrogante debía hacerlo, comencé a decir las cosas como eran y para eso creé una práctica moral y personal que constaba de tres cosas y que le daban sentido y valor a mi palabra, la primera cosa era nunca arrepentirme de absolutamente nada, los