Selene se encontraba atrapada en un torbellino de emociones, un conturbado mar donde la furia y el anhelo de paz luchaban ferozmente por dominar su ser. Las olas de su ira chocaban contra la orilla de su cordura, amenazando con arrastrarla a un abismo de desesperación. Respiró profundamente, llenando sus pulmones de aire fresco, ese aire puro que, aunque solo fuera por un instante, parecía ofrecerle la esperanza de recuperar la serenidad que se había comenzado a esfumarse como el humo d