Damon
Caminaba de un lado a otro de mi habitación sin poder quedarme quieto. Estaba furioso. Sentía el corazón oprimido por el dolor.
¿Cómo había podido hacerlo?
¿Cómo pudo dejar que otro hombre, alguien que ni siquiera era su compañero destinado, la tocara?
Aquella mañana había ido a su habitación para comprobar si ya se había marchado. Había tomado una decisión: olvidarme de ella.
Por mucho que doliera, tenía que intentarlo.
Lo único que estaba haciendo era torturarme, aferrándome a la espera