Adriana Jensen
•
Me gustaba Saint, pero odiaba su profesión.
Lo hacía viajar. No entendía por qué no podía delegar el trabajo en sus muchos empleados. No llevábamos ni una semana viviendo juntos y ya se iba de otro viaje de negocios.
—Deja de hacer pucheros, cariño —se rio, rozando su pulgar contra mi labio inferior—. Volveré mañana. Es solo una noche.
—Una noche en la que dormiré sola.
—Luca está aquí, ¿no? No dejará que te pase nada.
—No tengo miedo de dormir sola. Solo no quiero.
—Bebé…
—Lo