27. Murallas altas [Parte 2]
Bajo mis manos por sus piernas y sostengo sus muslos, invitándola a rodearme como tanto le gusta. Tan pronto ella lo hace, llevo mi cabeza hacia atrás, buscando sus ojos.
— Dime, ¿qué lo disparó?
— Las sábanas — susurra temblorosamente.
Asiento, entendiendo.
No sé si es el color, el acabado, la tela, pero algo en esas sábanas le recuerda a ese día.
— Está bien, quédate aquí, las voy a sacar, ¿bueno?
— No, no me sueltes — sigue susurrando en una voz tan vulnerable, como una niña desamparada