—¿Te gustó? —inquiere Sara dudando en lo que habían hecho la noche anterior—. Lo de anoche —específica.
—Por supuesto que me gustó, ¿por qué no habría de hacerlo? —pregunta cuando ve el temor en sus ojos. Lentamente, le acaricia el mentón, deslizando su pulgar por la mandíbula y hasta su mejilla. El amor que de su mirada se escapa no puede pasar desapercibido—. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida, eres la mujer que amo y lo de anoche fue mágico a su manera. Permitirte tocarte de la manera