Carlo sintió un terrible calor que se alojó en su cara al escuchar aquello, ¿Qué es lo que ese imbécil se creía? Se levantó de inmediato para enfrentarlo, no tenía duda alguna de la identidad de aquel hombre.
Abdel era alto, pero no era nada comparado con la impresionante estatura de Carlo.
—¿Cómo te has atrevido a llamar a mi esposa, imbécil? —el rostro de Abdel se desencajó, no había estado al pendiente de las últimas noticias, así que no lo sabía.
—Así que así de fácil me has cambiado, vaya,