39. Capítulo: Latidos del corazón.
—Señor, aquí tiene, ¿se le ofrece otra cosa? —cuestiona, su voz se oye temerosa, todos le temen.
—No, vete, solo haz lo que te ordené —dice demandante.
La mujer que viste un uniforme de sirvienta, de estatura promedio, pelo castaño y complexión delgada, asiente en todo momento, es incapaz de llevarle la contraria.
—Sí, señor, con permiso —acata y se va a la misma velocidad con la que ha entrado.
Volvemos a quedar a solas.
—Entonces, ¿quieres un poco de agua? —repite con el burlesco ge