XV.

-¡Querida mía! Has estado tan ausente estos días o quizá soy yo. Te ruego que me perdones.- suplicaba la tía Marilyn a Emiliana mientras conversaban en la habitación. Emiliana estaba recostada en las piernas de su tía y ella peinaba dulcemente su cabello rojizo. La joven con ternura la miró y le contestó:

-Tía ¿qué sería de mí, sin tus dramas? No tengo nada que pe

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