XV.

-¡Querida mía! Has estado tan ausente estos días o quizá soy yo. Te ruego que me perdones.- suplicaba la tía Marilyn a Emiliana mientras conversaban en la habitación. Emiliana estaba recostada en las piernas de su tía y ella peinaba dulcemente su cabello rojizo. La joven con ternura la miró y le contestó:

-Tía ¿qué sería de mí, sin tus dramas? No tengo nada que perdonarte, de todos en mi hogar, la única que cuida de mí es la que no tiene mi sangre ¡Tú estás para mí y yo para ti!- su tía compungida le contestó:

-Desde la muerte de Ángel me parece que he perdido mi lugar en esta casa, no sé qué hacer, me siento desorientada - expresó con voz quebrada y preocupada. Su sobrina fue condescendiente con su tía, conocía su coraz&oac

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