Edgar sonrió con suficiencia mientras caminaba por el pasillo con Laura en brazos.
—¿Ves? Mi hija reconoce mis cualidades.
Laura rio entre lágrimas, escondiendo el rostro en el hombro de él.
Cuando llegaron a la cocina, Edgar sentó cuidadosamente a Laura sobre la isla.
Luego apoyó ambas manos a cada lado del cuerpo de ella, dejándola atrapada entre sus brazos.
Luna ya corría emocionada detrás de la máquina de palomitas sin darse cuenta de nada.
Entonces Edgar acercó lentamente los labios al oíd