Capítulo 29
Su voz atractiva y suave hizo que Ana pensara que había oído mal. Había visto grandes subidas de alquiler, pero nunca que alguien propusiera bajarlo.

¿Se había vuelto loco Gabriel o era ella?

—Mi amigo solo necesita estos trescientos dólares —continuó Gabriel—. Si la cantidad fuera mayor, las cuentas no cuadrarían y le regañarían en casa.

Su expresión era tranquila, no parecía estar mintiendo. Aunque sonaba absurdo, ¿quizás era cierto? ¿Quién dijo que los hijos de las familias ricas no podían es
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