–No cierre la puerta. Si se desmaya, quiero enterarme.
Sintiéndose peor que nunca, Allegra entró en el cuarto de baño, cerró la puerta y echó el pestillo.
Mojó el borde de la toalla y se la llevó a la cabeza, tratando de analizar por qué se sentía tan deprimida. Estaba acostumbrada a cuidarse ella sola, ¿no? Siempre lo había hecho. No necesitaba que Dante Beaumont acudiera en su rescate.
Cuando salió, la habitación estaba vacía. Sobre la cama estaba su bolso, en la que estarían las cosas que ha