24. Doy un paso atrás
Sofía
Los dedos de Evan se clavan en mi cadera mientras me embiste y me dice cosas tan lindas que no sé si llorar o correrme de una vez. Su mano sube por mi espalda y enreda sus dedos en mi cabello atrayéndome hacia él, hasta que mi espalda se pega a su pecho y su boca a mi oreja.
—Mmm… —balbucea en mi oído antes de dejar un cálido y húmedo beso en mi mejilla. Gruñe tirando con más fuerza de mis hebras y me hace gritar por el dolor.
«Okey, esto ya no es divertido», pienso.
—Me duele —me quejo,