14. Me soltaste
Sofía
—Evan… —gimo sintiendo cómo sus manos recorren mi cuerpo de una manera en que nunca lo había hecho antes—. Ahh… —me quejo cuando su cuerpo irrumpe en el mío bruscamente y, por alguna razón, no me gusta lo que me ha hecho sentir.
«Algo no está bien», pienso, pero no logro alejarlo de mí. Los párpados me pesan demasiado y la piel me hormiguea, entumecida. «Nunca volveré a beber así», me repito con la cabeza dándome vueltas y las náuseas amenazan con hacerme vomitar sobre mi novio.
—¿Sofi? —