Sofía
El día me ha resultado eterno trabajando bajo las órdenes de Jackson. Sus peticiones son tan ridículas como innecesarias y ya me tiene harta con sus odiosas insinuaciones a cada rato.
—Preciosa, ven aquí —me llama desde su oficina y, con todo el dolor de mi corazón, debo acudir a recibir sus siguientes instrucciones. Por suerte ya casi termina mi horario de trabajo y, si no hay más problemas, pronto podré llevar a casa a mi princesa.
—¿Se le ofrece algo, señor?
—Sí, se me ofrecen muchas c