Lautaro salió de la empresa con una sonrisa en los labios. Se sentía satisfecho consigo mismo por haber besado a Rebeca. Él sabía bien que ella estaba encaprichada con su jefe y también que ser besada por un simple trabajador seguro haría que enloqueciera después. No la creía capaz de volver a su apartamento ni tampoco de faltarle el respeto como siempre hacía. Lo único que no predijo fue que fuera tremendo beso, tal vez esperaba otra reacción.
Había imaginado que Rebeca lo empujara y tomara d