Capítulo 23. No puedo aceptarlo
—¿Qué haces, Kate? —preguntó él, con un hilo de voz, acercándose a ella para que Carlota no escuchara su conversación.
—Comiendo un helado —respondió con inocencia, sus ojos brillaron cuando Ricardo la miró con ferocidad.
—A mí me parece que estás siendo demasiado provocativa.
—¿De verdad te parece?
Ricardo gruñó cuando Kate sacó la lengua y lamió el helado.
—Sí.
Kate le sonrió.
—Yo no tengo la culpa de que estés imaginándote otra cosa, cariño —respondió, mordiéndose el labio inferior.