Punto de vista: Selene
La risa se detuvo. La oscuridad se tragó todo. Ni siquiera podía ver mis propias manos. Mi respiración sonaba dolorosamente fuerte dentro de la sala de consulta destrozada.
—¿Kael? —ninguna respuesta. Mi pulso subió hasta mi garganta. El olor a humo llenaba el aire. Vidrio roto crujía bajo los pasos de alguien. Lentos, cuidadosos, acercándose.
—¡Kael! —esta vez, una mano agarró mi muñeca. Grité.
—Soy yo —su voz. Baja, firme. El alivio me golpeó tan fuerte que mis rodillas