En el momento en que Clara se levantó del reservado, la seguí.
Se dio la vuelta sin siquiera mirar atrás y se apresuró hacia la puerta, avanzando con pasos apresurados como si sus tacones estuvieran marcando el tiempo sobre el suelo de baldosas.
Su bolso de mano iba apretado contra su cuerpo, los hombros tensos. Ya estaba a su altura cuando llegamos a las puertas de vidrio, que ella empujó abriéndose paso hacia la calle.
La luz jugaba en su cabello y proyectaba un resplandor de sol sobre un ros